lunes, 6 de diciembre de 2010

Esta España me duele

La calle anda revuelta. Los ceños de los paseantes se fruncen. Calle arriba, calle abajo con la esperanza perdida y los problemas angustiando. Que la cara es un libro abierto con letras mayúsculas. Los niños se han despertado pidiendo pan. Los niños sufren cuando quieren pan y no se les da. La madre no necesita buscar en los rincones de la despensa. Huyeron hasta las arañas.
Todos somos españoles, todos tenemos papeles. Los inmigrantes pisan tierra y quieren olvidar las grandes esperanzas que les animaron a cruzar el Estrecho. Portan en sus sucias manos el recipiente para recoger los céntimos de las personas caritativas.
Un nativo que en tiempos de bonanza vivió como un rey y que fue expoliado por el banco lleva una bolsa de plástico y parece sentirse espiado por todo el mundo. Hasta que las sombras invadan la ciudad no podrá acercarse a los contenedores del supermercado. Su pulcra mano se manchará con los chorretes de los productos caducados. Levanta la cabeza para volver raudo a casa. En el otro contenedor escarba con un pequeño rastrillo de playa su antiguo gerente que porta un abrigo que usaba su abuelo en la guerra de Cuba. Se saludan con mala gana.
¿Traes algo? -le pregunta su mujer que mira con ojos saltones la bolsa blanca que pende de las manos del marido.
El marido no contesta. Entra en casa y desparrama encima del hule la mercancía. Todo se puede aprovechar. Hoy los niños no llorarán de hambre. ¿Y mañana?

1 comentario:

  1. El otro día precisamente comentaba con un miembro de Traperos el paradigma de nuestra sociedad que alberga en su seno a los que viven sobrados y a los que malviven de las sobras al mismo tiempo.

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