sábado, 6 de noviembre de 2010

Zapatero hace los deberes que no le mandan.

Mientras un jefe de Estado y el Padre espiritual de muchos millones de españoles vienen a España por deseo de todos esos españoles, nuestro ínclito jefe de Gobierno se pierde bien lejos para tener excusas justificadas de no poder asistir a recibirle. Es una actitud reprobable por su falta de respeto a la autoridad que llega. Si lo tenía en la agenda, lo había marcado perfectamente con toda intención.
Por otro lado, es posible que Benedicto XVI no sufra demasiado por esta descortesía.

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